Postmodernismo: cuando la verdad incomoda

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Varias veces me han preguntado a qué me refiero cuando hablo de “postmodernismo”,  así que, me pareció justo y necesario dar una breve explicación de qué es el postmodernismo. Aprovechando, además, que hace poco hubo la #MarchaDeLasPutas, una marcha que pretende representar a las mujeres, pero que, en la vida real, no representan más que a unos cuantos caudillos de una agenda ideológica.

Hace un par de siglos, aún era de aceptación general lo que se conocía como la correspondencia de la verdad, es decir, que la realidad no es otra cosa que la adecuación de mi mente a la realidad y no al revés, sin embargo, la filosofía postmoderna, ha volteado este presupuesto lógico patas arriba. Hemos llegado a esta época, en que la búsqueda de la felicidad ha quedado completamente desvinculada de la verdad. No importa si es verdadero o no, sino, si me hace feliz (concepto de felicidad, por supuesto, desvinculado también de cualquier realidad estable y objetiva). A continuación, ayudándome de unos apuntes de mi profesor de Historia de la Filosofía Contemporánea, resumiré el postmodernismo en tres características importantes: verdad subjetiva, lenguaje y deconstrucción y anti-realismo y construcción de la realidad… ¿Complejo? Cuando uno se aleja de la realidad, es así como se complican las cosas.

Verdad Subjetiva

Existe una aversión y un rechazo total a la idea – a la insinuación siquiera – de que existe la verdad universal y objetiva (con V mayúscula), sólo existen verdades (con v minúscula) que son particulares de cada sociedad, grupo de personas, y todas éstas, sujetas a la percepción de cada individuo. Este trasfondo es el que da origen a la infaltable frase de todo postmoderno: “Eso puede ser verdad para usted, pero no para mí”.

Lenguaje y Deconstrucción

Un filósofo francés (Jaques Derrida), será quien profundice el término “deconstrucción”, aplicada sobre todo a la lectura de textos. Paso a explicar: lo normal de cuando uno lee un texto, es que se trate de comprender lo que el autor quiere decir, esto como lo normal, pero resulta que la deconstrucción involucra leer un texto hasta encontrar sus significados ocultos o múltiples para mí. De esta manera, la interpretación de un lector del texto llega a ser más importante que el texto mismo. Es más, toma muchísima importancia, la subjetividad del lector al determinar lo que el autor quiso decir.

Esta crítica literaria postmodernista dirá que las palabras nunca describen el mundo objetivo, sino que sólo se refieren a otras palabras. Es decir, no importa cómo un escritor construya una oración, nunca podrá decirnos nada acerca del mundo real, sino sólo acerca del mundo como lo entiende el lector (o sea, yo).

Anti-Realismo y la Construcción de la Realidad

Esto que acabo de explicar de la “deconstrucción”, la filosofía postmodernista lo lleva mucho más allá del área de la literatura. No existe un “mundo real” (así como no existía algo objetivo que el autor del texto quería manifestar), sino miles de millones de construcciones del mundo, una creencia conocida como anti-realismo, justamente porque se resiste a aceptar la idea de que exista una realidad objetiva.

Detrás está este criterio de que todo ser humano está condicionado por su cultura y lenguaje, su situación en la vida, y que, por tanto, nadie es capaz de salirse de su situación para dirigirse a un universo amplio, con declaraciones de hechos objetivamente verdaderas. Básicamente, somos burbujas aisladas incapaces de referir una verdad objetiva. Esto explica por qué ante un debate argumentativo, suelen tener contestaciones como: “eso lo piensas porque eres católico”, o la infaltable “eso lo dices porque eres hombre”.

De esto se desarrolla una conclusión nefasta: nosotros no descubrimos hechos verdaderos acerca del mundo real, lo creamos.

Conclusión

Pues la conclusión no es muy difícil de sacar. Esta es la filosofía que bombea detrás de cada ideología que ciertas minorías han tomado como bandera de batalla: feministas radicales, colectivos LGBTI y afines. Es un homenaje a lo irracional, porque, convencidos de poder crear la realidad, se han imaginado víctimas de todas las injusticias y voz y representación de personas que, en definitiva, no representan. En la medida en que nos hacemos más conscientes de lo que hay detrás, advertimos la necesidad de volver a reconciliar al pensamiento con la realidad, en definitiva, a la felicidad con la verdad.


4 respuestas a “Postmodernismo: cuando la verdad incomoda

  1. Tu opinión es respetable, pero olvidas tomar en cuenta el momento histórico que atravesamos. El postmodernismo se desarrolla en un época en la cual las certezas de hoy pueden refutarse fácilmente mañana. Eso es cierto en todos los campos, ciencia, tecnología, medicina, comunicaciones, transporte, entretenimiento, todo (excepto la religión). Ante esto, es natural que la subjetividad de las conceptos cobre importancia. De la subjetividad nace la curiosidad por los fenómenos que nos rodean. Ese el motor de la ciencia, que invariablemente desmiente lo que hasta hace poco tiempo considerábamos como certezas incuestionables. En ese contexto de cambio permanente, porqué tenemos que aferrarnos ciegamente a una verdad absoluta?

    Vivimos en un mundo demasiado cambiante como para aferrarnos a dogmas, y felizmente, la gente de a poco va perdiendo el miedo a cuestionarse cosas tan elementales como el ejercicio libre de su sexualidad o el derecho a planificación familiar. Algo como la marcha de las putas hace escasos quince años hubiera sido inimaginable, y aunque te cueste entenderlo seguirá ocurriendo y con más frecuencia porque las sociedades ya no piden permiso a nadie para reinventarse y evolucionar.

    No será acaso que el que se está creando su propia realidad estática, ajeno a la realidad objetiva pero cambiante y preso de sus dogmas, eres tú?

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    1. Saludos Francisco,

      Agradezco tu comentario y es interesante aquello que planteas en cuanto a los cambios que se dan debido a la ciencia. Justamente fue éste el planteamiento de Karl Popper, con su teoría de la falsación, que me parece excelente. De eso se trata, de que la ciencia y la sociedad en sí misma (lo que él llamaba “sociedad abierta”), esté dispuesta y abierta a ser objeto de crítica para que así pueda mejorar. Lo mismo lo aplicaba a la ciencia, pues debía estar abierta a que sus teorías puedan ser falseadas, para así proponer mejores hipótesis, más cercanas a la verdad. Ya habíamos atestiguado con Einstein y su teoría de la relatividad, lo equivocados que estábamos al vivir convencidos de la gravedad de Newton, y en base a ésta teoría formuló Kant toda su filosofía.

      Todo esto, sólo para precisarte que, estás confundiendo dos campos: el de la ciencia y el de la realidad. La segunda es objeto de estudio de la primera. La primera es falible totalmente, mientras que la segunda es única (podrá ser poliédrica si quieres) pero es única, objetiva y real. Ante esta situación, la explicación que he dado en este artículo, pretende defender, no un dogmatismo furibundo, sino la realidad misma de las cosas y lo absurdo del postulado postmoderno, de pretender “reinventar la realidad” o “reinventarse a sí mismo”, como si el hombre no tuviese una naturaleza (ya antes negada por Sartre, lo cual lo llevó a un callejón sin salida, por buscar una libertad absoluta que desemboca en la nada y la angustia).

      La curiosidad no sólo es importante, es fundamental para la filosofía, para el avance de la ciencia y para la vida misma, porque nos lleva a cuestionarnos, pero esto, no puede ir en desmedro de la realidad. Hay una verdad absoluta y objetiva que debe ser respetada y a la cual nuestra mente debe adecuarse, de lo contrario, terminaremos tratando de encajar la realidad a nuestra mente, y esto es traicionar nuestra propia naturaleza.

      Bendiciones!

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  2. Encuentro que tu argumento es contradictorio. Primero porque dices estar a favor de los progresos de la ciencia, pero al mismo tiempo limitas esos progresos al límite de lo que tu ves como realidad objetiva. Ver a la naturaleza y los fenómenos que nos rodean desde una perspectiva netamente descriptiva es propio de la ciencia del siglo XIX. La ciencia está ahora enfocada en cambiar la realidad que antes se consideraba estática. Y está ocurriendo. Sólo por darte un ejemplo te puedo citar el hecho de que es muy probable que las futuras generaciones vivan muchísimo más que nosotros. La esperanza de vida en las próximas décadas va a incrementarse hasta límites que antes sólo nos imaginábamos en una película de ciencia ficción. Esa nos es una deconstrucción de la realidad, es un hecho, está ocurriendo frente a nuestros ojos.

    En ciencia, el concepto de verdad absoluta no existe. No puede existir porque el ingenio humano es infinito. Los científicos no adecuan su mente a la realidad, directamente la cambian. Es normal la incertidumbre frente a todos estos cambios, pero mantener una postura dogmática de respeto a una verdad universal por miedo a traicionar nuestra propia naturaleza (no se a qué te refieres con eso…) es -desde mi punto de vista- un error garrafal.

    Saludos

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    1. Nuevamente, me parece no se ha entendido la distinción que he querido hacerte en cuanto a la ciencia y la realidad, así que seré más claro.

      1. La ciencia admite una serie de presupuestos metafísicos que no pueden ser comprobados por la misma ciencia, como por ejemplo, el hecho de que las cosas “son”, el principio de no contradicción. El tema aquí, es que – me parece entender – que tu postura es un tanto positivista, lo cual haría comprensible tu confianza absoluta en la Gaia ciencia y el desprecio por realidades metafísicas e inmutables a las que la ciencia se sujeta como presupuesto. Efectivamente, yo creo que la ciencia puede progresar, pero NO creo en el mito del eterno progreso (que es justamente una de las banderas de batalla del postmodernismo, y del modernismo de los siglos anteriores).

      2. Ciertamente creo en el progreso de la ciencia, pero justamente los grandes filósofos de la ciencia (como es el caso del gran Karl Popper que cité anteriormente, y que fue un crítico feroz del Círculo de Viena, justamente por su pretensión de dotar a la ciencia de capacidades que no posee), concuerdan en el hecho de que la ciencia tiene sus límites. El desconocer los límites de la ciencia, es justamente lo que nos lleva a cientificismos ideológicos. Esto hay que tenerlo claro, para no cometer los mismos errores de siempre.

      3. El que la ciencia “ahora” pretenda cambiar la realidad, no es otra cosa que un indicio de una pseudo-ciencia. La verdadera ciencia conoce sus límites, su objeto de estudio y sus herramientas. No está de más decir, que cada hipótesis que la ciencia promulga como ley, obedece a un “descubrimiento” y no a un “cambio de la realidad”. Es decir, las cuatro fuerzas de la materia no fueron “inventadas” sino “descubiertas”, justamente, porque existe una realidad objetiva que NO puede ser cambiada, y que responde a un trasfondo metafísico.

      4. Tu ejemplo, respecto de que las futuras generaciones vivirán más, es una falacia, primero, porque no obedece a la tendencia demográfica actual a nivel mundial, luego, porque estás cayendo justamente en lo que acabo de denunciar, un cientificismo, mezclado ahora con un historicismo tremendo, que es el mismo en el que cayó Marx con su premisa histórica de la revolución del proletariado y el éxito del comunismo (que aún seguimos esperando)… toda postura que pretende predecir un futuro a partir de un postulado que definitivamente trasciende su objeto de estudio, se llama cientificismo y termina en ideología, en este caso, la del mito del eterno progreso.

      5. Que en ciencia no exista el concepto de verdad absoluta, es algo que compartimos, en esto estoy muy de acuerdo, justamente, porque la característica y objeto de estudio de cada ciencia particular, no es nada más que una parcela de la realidad, y jamás podrá ser tomado como un “todo”, y mucho menos, la soberbia actitud de pretender explicar el “todo” a raíz de una hipótesis de la “parte” (cientificismo, nuevamente). Sin embargo, como acabo de explicar, cada parcela de la ciencia, se remite a presupuestos metafísicos que expresan una realidad inmutable, una verdad absoluta y universal, de lo contrario, la ciencia no podría existir ni avanzar, pues no tendría punto de referencia alguno. El hecho de dar por supuesto que la realidad que está fuera de nosotros, existe, es ya un presupuesto universal y objetivo, el cual Descartes trató de poner en duda como parte de su método para llegar a la verdad, y que luego Kant criticará fuertemente.

      6. Tu afirmación de que “los científicos no adecuan su mente a la realidad, sino que la cambian directamente”, es una afirmación que ningún científico serio puede avalarte, de hecho, traiciona toda la metodología que es propia de la ciencia y de sus procedimientos. Si esa fuera la premisa, ningún descubrimiento real sería posible, y viviríamos en un idealismo tremendo que hasta el mismo Hegel se espantaría. Nuevamente, me parece que estas confundiendo términos y cosas.

      7. Finalmente, vuelvo a corregir que, aceptar los presupuestos metafísicos de la existencia de una verdad absoluta, no es una postura dogmática, sino una cuestión de sensatez. No existe tal “miedo” de traicionar la “naturaleza”, sino el sentido común que evidencia que en el mundo (y no hablaré de creación, para evitar términos de fe) hay realidades estables que expresan una verdad absoluta. Finalmente, por naturaleza, me refiero a aquello a lo que nuestro ser responde, es decir: es propio de la naturaleza del hombre el ser racional, por ejemplo. Fruto de esa racionalidad, la búsqueda de la verdad, las potencias del alma que son la memoria y el entendimiento, etc.

      8. Finalmente, a partir de Einstein, sabemos que ni siquiera el Universo es infinito, temporalmente hablando. Con esto, aquella afirmación clásica de que, la realidad nos supera y nos excede, se vuelve a confirmar. Así que, hablar del ingenio del hombre como “inifinito”, más allá de ser una frase que suena bien, no es real. Que nuestra capacidad racional sea aún para nosotros indeterminada, es correcto, sin embargo ésta obedece – nuevamente – a nuestra naturaleza. Agradezco estos diálogos de altura, pero ruego utilicemos términos correctos. No hay en el hombre ninguna capacidad que sea infinita como tal.

      Bendiciones!

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