Apología de la Eucaristía

Advertencia: Para quienes gustan de artículos cortos sepan que este se nos escapó de la fábrica de microcuentos, debido a que es imposible plantearse una defensa de la Eucaristía en dos párrafos, más aún, para quienes ven el meollo del asunto, quiero aclararles que no pretende en lo más mínimo abarcar la totalidad del tema, sino tan solo dar un bosquejo general. Luego de haber aclarado esto, pase usted adelante, tome asiento y disfrute relajado lo que me partí la cabeza en escribir sencillo

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Si hay algo que nos distingue como católicos es la fe en la presencia real y sustancial de Jesucristo en la Eucaristía, no como un “recuerdo” ni como una especie de flashback de un suceso histórico, sino que es una actualización del verdadero y único sacrificio de Cristo en la cruz ese viernes a las tres en el Calvario. Sin embargo, durante el tiempo de Semana Santa que se nos aproxima, es muy común que varias denominaciones protestantes (Testigos de Jehová en su mayoría), tengan esta práctica de visitar casa a casa, para invitarnos a “la Cena del Señor”, una especie de asamblea “especial” donde se rememora la Ultima Cena y los eventos de la Pasión, sin embargo, sería por demás innecesaria e ilógica nuestra participación en dichos eventos, no sólo porque no son católicos, sino porque no tendría sentido que asistiésemos, puesto que tenemos en la Eucaristía – es decir en la misa – el verdadero y único sacrificio de Cristo de manera real e incruenta.

Ante esta realidad tan sublime de nuestra fe, es muy común encontrarnos con cuestionamientos y dudas por parte de personas que no comprenden la razón y naturaleza de la Eucaristía, por lo que trataré de abordar las más comunes, advirtiéndoles que es imposible abordar un Misterio tan sublime de manera “corta”, así que haré mi esfuerzo…

Concretamente: ¿Qué es la Eucaristía?

“Mas por cuanto dijo Jesucristo nuestro Redentor, que era verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la especie de pan, ha creído por lo mismo perpetuamente la Iglesia de Dios, y lo mismo declara ahora de nuevo este mismo santo Concilio, que por la consagración del pan y del vino, se convierte toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, y toda la substancia del vino en la substancia de su sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciación la santa Iglesia católica.”[1]

En otras palabras – aunque más claros no pudieron ser los padres conciliares – el sacrificio que se da en la misa NO es un mero simbolismo ni mucho menos una representación, sino que es  verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, nosotros adoramos la Hostia consagrada porque se trata de Nuestro Dios y Señor. Cristo es Eucaristía.

¿Qué es “transubstanciación” exactamente?

A ver, a nosotros católicos nos encantan las palabras estrambóticas (¿ven?) como epíclesis, doxología, kerigma, Magisterio. Sin embargo, ninguna palabra es tan importante como ésta.

La transubstanciación  es la palabra que explica lo que literalmente sucede en la misa, a través del poder el Espíritu Santo que obra por medio del sacerdocio sacramental de Cristo. En palabras sencillas, es cuando el pan y el vino se convierten sustancialmente en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

Muchos cristianos (y alguno que otro católico lamentablemente) tienen dificultades con esta enseñanza debido a que no “parece” que el pan y el vino hubiesen cambiado. ¿Cómo es que nosotros, católicos, podemos probar nuestra creencia en la Presencial Real, si es que el vino y el pan siguen viéndose como simple vino y pan? Pensándolo por un rato: sería mucho más fácil si de repente el pan destilara sangre y el vino blanco se volviese rojo. En fin, es difícil de explicar en tan poco espacio, así que haremos el intento. Clase de metafísica #001…

Hay dos “niveles” que componen un objeto: los accidentes y la substancia. Los accidentes son la apariencia, olor, color, sabor y textura de un objeto, pero la substancia es lo que realmente es. Si tomamos una silla, tiene accidentes y substancia. Los accidentes de la silla son las cuatro patas, el asiento y el respaldo, uno que otro clavo y madera. La substancia de la silla está comprendida por moléculas de madera que han tomado la forma de una silla.

Digamos que agarramos una sierra eléctrica y cortamos la silla en varios pedazos, para luego reensamblarlos con los clavos y formar una mesa de té. Hemos cambiado los accidentes de la silla en una mesa de té, pero la substancia de la silla no ha cambiado, pues todavía está hecha de moléculas de madera.

Si cambian los accidentes se llama transformación, pero dado que no son los accidentes los que cambian durante la misa, se llama transubstanciación. Así que, en la Eucaristía los accidentes del pan y el vino no cambian – siguen teniendo el mismo color, tamaño, olor y sabor – pero, por el poder del Espíritu Santo, la substancia del pan y el vino son alterados, y se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el altar… realmente no pretendo “explicar” el misterio de la transubstanciación, pues entonces dejaría de ser un misterio, sin embargo, no por ser un misterio debe ser irracional, Dios no obra de formas ilógicas.

El capítulo 6 de san Juan como una verdadera apología de la Eucaristía

Es realmente imposible leer el capítulo 6 de san Juan y no creer que la Eucaristía es verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Negar esta realidad después de leer ese capítulo corresponde a un necio o a un tonto. Cristo hace explícito que Él es el Pan vivo bajado del cielo y que el pan que Él dará es su carne[2]. Es interesante porque a pesar de que los judíos se escandalizaron, Cristo lejos de retractarse o hacer “más políticamente correcto” el mensaje, lo radicalizó diciendo: “(…) si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros… Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”[3].

Ni para qué contarles que después de tremendo discurso eucarístico y de que varios de los presentes se fueran del lugar (escandalizados obviamente), Jesús se dirige a sus Apóstoles – a los íntimos – y les dice: “¿También ustedes se van a ir?”[4] No quiero abombarlos de citas bíblicas, pero creo que es más que clara la intención de Jesús con respecto a la doctrina de la Eucaristía. Tratar de decir que el Señor se refería “a otra cosa” me parece una burla y una insensatez.

¿Cómo sabemos que los primeros cristianos creían en la Presencia de Cristo en la Eucaristía?

Bíblicamente hablando, es clarísimo que los Apóstoles tomaron las palabras de Cristo de manera literal. Enseñaron a la Iglesia primitiva la totalidad Sacramental que Cristo les había enseñado a ellos. Como ejemplo más concreto tenemos a san Pablo[5]. Toda la base de su enseñanza en cuanto a lo que se debe y lo que no se debe hacer en la liturgia, no es otra cosa que un resultado de la Tradición y la teología que recibió, atestiguó y obedeció, a través de la dirección del Espíritu Santo y las instrucciones de los otros apóstoles.

San Pablo creía indudablemente en la Presencia Real de la Eucaristía, y ni siquiera estuvo presente en la Última Cena. Este hecho es importante, porque valida la verdad de la tradición oral y la enseñanza apostólica de la Iglesia primitiva, sobre todo en la formación de nuevos cristianos.

Por otro lado, tenemos cientos de testimonios de santos cristianos de la Iglesia primitiva. Entre ellos, uno de los fervientes defensores de la Eucaristía fue san Justino (165 d.C.) mártir de la fe cristiana, quien murió decapitado y es además considerado como uno de los más grandes apologetas del siglo II. En una de sus Cartas nos dice claramente:

“Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, del cual a ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, y que ha sido purificado con el bautismo para perdón de pecados y para regeneración, y que vive como Cristo enseñó. Porque estas cosas no  las tomamos como pan ordinario ni bebida ordinaria, sino que, así como por el Verbo de Dios, habiéndose encarnado Jesucristo nuestro Salvador, tuvo carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra de oración procedente de Él – alimento del que nuestra sangre y nuestra carne se nutren con arreglo a nuestra transformación – es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó. (…)”[6]

Y así, tenemos a san Ireneo (130 d.C. – 202 d.C.)[7], Tertuliano (160 d.C. – 220 d.C.)[8], Clemente de Alejandría (150 d.C. – 215 d.C)[9], Orígenes (185 d.C. – 254 d.C)[10] y muchos más que harían que las citas a pie de página revienten, sólo para llegar a una única conclusión: tanto los Apóstoles como los primeros cristianos, los de ahora y los que vendrán seguiremos manteniendo la enseñanza de Jesucristo con respecto a la Presencia Real de su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía, bajo la forma del pan y el vino.

¿Comer el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo no es canibalismo?

La afirmación de que los católicos somos caníbales es un absurdo, de hecho no merece una respuesta siquiera, pero ya que estamos aquí, habrá que contestarla…

La afirmación a pesar de ser ridícula, fue tomada muy en serio por parte de los romanos y paganos de los tres primeros siglos, tanto así que fue una de las razones para perseguir a los primeros cristianos. Comprenderán que debido a la violencia de las persecuciones, los primeros cristianos celebraban la misa en catacumbas (debajo de la tierra), por lo que muchos que trataban de espiar las “misteriosas” celebraciones, alcanzaban a escuchar: “Esto es mi Cuerpo, tomen y coman todos de Él…” Razón suficiente – al parecer – para llegar a la absurda conclusión de que los cristianos éramos caníbales, además de depravados, salvajes, brujos y en fin, una amenaza para el Imperio. A lo que íbamos…

La respuesta es naturalmente NO. El canibalismo es algo completamente distinto. Un caníbal es aquél que como carne y sangre humana, y con ello, todo lo que incluye el menú, como músculos, tejidos, venas, órganos (disculparán si estaban comiendo mientras leían). Mientras que, como católicos, comemos el Cuerpo y la Sangre divina de Jesús. La Eucaristía es el Cuerpo y la Sangre de Jesús en su estado resucitado y glorificado, tal como nos lo explica san Juan en los versículos antes citados. Esos pasajes nos recuerdan que fue Cristo mismo quien nos alentó – y que luego nos mandó – que comamos y bebamos Su Cuerpo y su Sangre[11]. Cristo nos ofrece Su Ser glorificado para transformarnos por Su gracia.


[1] Concilio de Trento. Cap. IV. De la Transubstanciación

[2] Jn. 6, 51

[3] Jn. 6, 53-55

[4] Jn. 6, 67

[5] 1 Cor. 10, 16 ; 11, 23-29

[6] San Justino, Apología Primera. C.66 ss.

[7] San Ireneo, Contra las herejías. L. 4 c. 17 n. 5

[8] Tertuliano, Contra Marción. L. 4 c. 40

[9] Clemente de Alejandría. Stromata L. 1 c. 1

[10] Orígenes. Sobre el Éxodo. Homilía 13, 3

[11] Mt. 26, 26-28

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