¿La Biblia es la Palabra de Dios? ¿Es en serio?

04-Medina-Biblia-abierta

Es común que haya ciertas personas que traten de tildar a la Biblia de “no creíble” o “anacrónica”. Muchas otras – con un aspecto intelectual en su mayoría – hacen lo imposible para atacar la validez de las Escrituras, pensando que si llegasen a encontrar “inconsistencias” o “errores”, pueden de alguna manera desbancar al Cristianismo e incluso al mismo Dios. Este es el primer error. Decir que “la Biblia tiene ciertas cosas con las que no estoy de acuerdo, y por tanto la Iglesia debe estar mal y Dios, por tanto, no es real” (o cualquier otra conclusión similar) es un argumento completamente de cabeza. La fe no comienza con la Biblia, y esto creo que lo he tocado hasta la saciedad con los anteriores artículos con respecto a la Biblia. Uno no usa la Biblia para probar la existencia de Dios… eso es como utilizar la música de Justin Bieber o de One Direction para “probar” que Dios me odia.

No, nosotros empezamos con Dios. Una vez que el alma cree en Dios, hay una decisión que se debe tomar con respecto a si Jesucristo es o no es Dios. Luego, uno debe decidir si Cristo instituyó o no una Iglesia. Después de esto, uno debe entender que la Biblia nació de una Iglesia viviente (y no viceversa). Este último punto lo profundizamos con claridad ya en un artículo anterior[1].

A LO QUE VINIMOS

Las Escrituras están destinadas a ser una luz, y fueron hechas no sólo para guiarnos en medio de la oscuridad sino también para darnos señales durante toda nuestra vida. Les Escrituras revelan el plan de Dios, hablan la Verdad y nos desafían a cambiar. La Palabra de Dios, a pesar de estar fuera del tiempo, proporciona sabiduría para toda circunstancia y situación concreta de nuestras vidas. Básicamente, el Padre nos ama tanto que nos ha dado Su Palabra (el compás) y Su Iglesia (la guía), negándose a dejarnos huérfanos en medio de un mundo que bien puede ser definido como un remolino de inmoralidades.

LAS PALABRAS SÍ IMPORTAN

La precisión es importante. Proclamamos – como los primeros cristianos – que la Biblia es la Palabra de Dios… no meramente palabras “sobre” Dios.

Estas palabras fueron escritas (por inspiración del Espíritu Santo) para comunicar la verdad de los eventos ocurridos y de los que ocurrirán. San Lucas, el mismo lo admite, no fue un testigo ocular (como lo fueron Mateo y Juan), pero recibió la veracidad de los eventos por medio de testigos oculares y ministros[2].

Lucas fue sobrepasado por la realidad inexplicable de lo que escuchaba y veía, que tuvo que escribirlo en un orden específico para así compartir la buena noticia (la palabra “evangelio” significa literalmente “buena nueva”). La verdad era tan buena como para no compartirla.

Ante  esto vale la pena sopesar el testimonio, tanto de los evangelistas como de aquellos historiadores que, aunque no forman parte de la Revelación cristiana, son parte del sello histórico de la veracidad de los hechos que cuentan quienes escribieron la Biblia, tales como Flavio Josefo, Plinio el Joven, Tácito, Suetonio y un largo etcétera.

LOS ANGELES NO SON “HADAS”

No falta quienes comparen las Escrituras con un “cuento de hadas” lleno de mitos. Estas personas no solo niegan el testimonio de los testigos oculares sino de las incontables almas que vieron la multiplicación de los peces o la resurrección de Lázaro y de otros, sino que también están confundiendo seriamente el tipo de relato al que apuntan las Escrituras. La alegoría era una forma popular de contar las cosas, como un pequeño dato. Cuando los escritores de la Biblia – guiados e inspirados por el Espíritu Santo – usaban alegorías como parábolas morales, nos comunicaban una verdad, aunque la verdad no sea literal.

La Iglesia no enseña que debemos creer que Dios creó todo en un período de seis días (de 24 horas cada uno), pero sí nos enseña que todo fue creado por Dios con un propósito. Aunque las historias de la creación no sean “científicamente correctas” como uno que otro intelectualoide gusta de apuntar, es importante resaltar que el Génesis no fue escrito como un libro científico. El autor del Génesis trata de explicarnos “porqué” Dios ha creado, y no “cómo”. Tratar de sostener la “inexistencia de Dios” basándose en la falta de certeza científica del Génesis, es sencillamente un absurdo y un total desconocimiento de la intención del autor del Génesis.

Por otro lado, no por ello quiero decir que todo lo escrito en la Biblia es alegórico… de hecho el asunto es muy lejano a eso. Cuando las Escrituras nos cuentan que Jesús sanó al ciego,[3]esto literalmente ocurrió. Cuando multiplicó los panes y los peces[4], también literalmente ocurrió. Se pueden sacar significados simbólicos o sacramentales de este milagro, que tan sólo ayudan a comprender mejor la veracidad y literalidad de la acción.

ENCONTRÁNDOTE A TI MISMO EN LAS ESCRITURAS

Es posible que muchos se pregunten, si es que ya tenemos el sentido común, una consciencia y a la Iglesia, ¿para qué necesitaríamos de la Biblia? Pues, la realidad es que necesitamos de la Biblia hoy más que nunca. Sobre todo en un ambiente relativista como el nuestro, en donde cada quién quiere vivir un Dios a la carta, es decir, a su medida y semejanza. Muchos siguen el concepto de un Jesús que no es históricamente correcto. Una figura amable, políticamente correcta y “sé bueno con todos” de Jesús, que es todo menos bíblica.

En la Biblia encontramos al Dios del Universo y vemos cómo Se mueve, piensa y habla. No estamos leyendo sobre personajes meramente antiguos o de hace siglos, de hecho, estamos leyendo sobre nosotros mismos. La Biblia no está solamente hablándote a ti; está hablando sobre ti.

Tú eres Adán y Eva, de pie ante Dios en todo tu pecado. Eres Moisés, preocupado por su reputación mientras golpeaba la roca una segunda vez. Eres David, poniendo tus deseos por encima de Dios. Eres Pedro, siendo llamado a liderar a pesar de estar lejos de ser perfecto. Eres la mujer atrapada en adulterio, o la mujer en el pozo, o Zacarías…

Esto es lo que la Biblia ofrece… una invitación para conocer a Dios de una manera mucho más profunda. La Biblia nos ayuda a conocer a Dios más allá de nuestros criterios y de nuestro corazón. Las Escrituras hacen que la oración sea más profunda, le da vida a la adoración y hace que los Sacramentos cobren vida de una manera completamente nueva.


 

[1] https://stevenneirac.wordpress.com/2015/12/12/quien-llego-primero-la-iglesia-o-la-biblia/

[2] Lc. 1, 2

[3] Jn. 9, 1-12

[4] Jn. 6, 1-15

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s