Eutanasia: ¿muerte digna?

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A pesar de los distintos avances tecnológicos y la globalización, el hombre que no es capaz de trascender, termina no encontrando una respuesta satisfactoria frente al misterio del dolor. Es así que, en un mundo dominado por los sentimientos y las emociones, no nos es posible comprender que el “sufrir” pueda tener un sentido. Frente a éste panorama, la eutanasia parece ser una “respuesta” para aquella persona que se encuentra en una etapa de gran sufrimiento.

Repasemos brevemente, qué entendemos por eutanasia: ésta palabra, formada por las raíces griegas eu=bueno y thánatos=muerte, aludía originalmente a hacer más fácil (menos dolorosa) la muerte de una persona. Sin embargo, al pasar el tiempo, éste concepto fue desvirtuándose, y se dio paso a lo que hoy en día se entiende por eutanasia, que es quitar prematuramente la vida de una persona. Pero, ¿qué podría llevar a alguien a quitarle la vida a otro prematuramente?, a continuación analizaremos dos de las ideas erradas más conocidas.

  • “Matar por misericordia”

Esto es un eufemismo inventado con el fin de hacer más “tolerable” la idea de asesinar  a otro ser humano con el pretexto de aliviarle sufrimientos. Este concepto, lamentablemente esta en boga. El avance de los diagnósticos prenatales, por ejemplo, es ocasión para que muchos bebés sean abortados ante la posibilidad de nacer con alguna enfermedad incurable. Sin embargo, matar a otro ser humano no puede ser nunca entendido como un acto de misericordia. La verdadera misericordia consiste en saber sufrir con el otro, en ayudarlo en sus necesidades y en hacer palpable, amándolo, su valor infinito como persona. Ya lo decía el beato Juan Pablo II: quitarle la vida a una persona enferma <<debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante “perversión” de la misma. En efecto, la verdadera “compasión” hace solidarios con el dolor a los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar>>[1]

  • “Morir con dignidad”

Los activistas de la eutanasia consideran que el ser humano, habiendo perdido sus habilidades intelectuales o físicas, ya no puede controlar su destino, y por tanto ya no es un ser digno. ¿Es acaso que la dignidad se mide por las habilidades físicas o intelectuales? Ciertamente, aquí lo único que se evidencia es una visión incompleta del hombre y una ignorancia tremenda con respecto a la verdadera dignidad del ser humano, que radica en haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.

Desafortunadamente, la mentalidad funcionalista que reduce el valor del hombre a un mero: “produce – ya no produce”, no permite que el mismo paciente sea consciente de que su dignidad es única, universal e irrenunciable.

Cuando se pregunta a los partidarios de la eutanasia, cuáles son las principales razones por las que la pedirían, responden: 1) pérdida de la dignidad, 2) dolor intolerable, 3) no querer convertirse en una carga para la familia, 4) miedo de vivir inválido, 5) miedo a una vida sin sentido[2]

Éstas son alguna de las ideas, sin embargo es fundamental que no nos dejemos llevar por el sentimentalismo y los eufemismos de esta cultura de la muerte, que poco a poco va desvalorizando más al hombre y reduciéndolo a un mero objeto. En un momento tan difícil como una enfermedad terminal o una etapa de sufrimiento, la verdadera caridad nos obliga a hacerle comprender a aquél que sufre, su dignidad como ser humano y el incalculable valor de su sufrimiento, que unido a los dolores de Cristo, alcanzan frutos de una riqueza inestimable.

Sentido cristiano del sufrimiento

Una sociedad hedonista como la nuestra no entiende el sufrimiento y por ello no vacila incluso en optar por el suicidio o la eutanasia con tal de librarse de él. El sufrimiento es inseparable de la vida del hombre, sin embargo el hombre está llamado a enfrentarlo, darle un sentido y superarlo. Es así que “Cristo al mismo tiempo ha enseñado al hombre a hacer bien con el sufrimiento y a hacer bien a quien sufre. Bajo este doble aspecto ha manifestado cabalmente el sentido del sufrimiento”[3]Quien no posee una visión de fe, habrá mutilado el sentido del dolor y a su vez, habrá perdido la capacidad de contemplar la dignidad del hombre por lo que es. En otras palabras, quienes optan por la eutanasia, son movidos por criterios emotivos y funcionalistas.

Hemos de tener claro que, la eutanasia no es más que un fracaso de la sociedad actual, un reflejo de la pérdida de fe en la redención y en la esperanza en medio del sufrimiento. Un hombre cuyas convicciones están arraigadas más allá de sí mismo, y que apuntan al infinito, no puede darse el lujo de caer en actos tan deplorables como éste. La vida debe ser respetada desde la concepción hasta la muerte natural, de manera que en la alegría y el dolor, el hombre pueda vivir a plenitud cada momento de su vida, ése es un derecho legítimo.


 

[1] Juan Pablo II, Evangelium vitae, 66

[2] J. Wolfe, D.L. Fairclugh, B.R. Clarridge y otros, Stability of attitudes regarding physician-assisted suicide and euthanasia among oncology patients, physicians, and the general public, en <<Journal of Clinical Oncology>> 17 (1999), p. 1274

[3] Juan Pablo II, Salvifici doloris, 30

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