¡Viva Cristo Rey! – CONSIDERACIONES

Hoy nos unimos a toda la Iglesia que en la voz de tantos mártires gritaron contra la opresión, contra la tiranía, contra la Revolución y contra Satanás: “¡Viva Cristo Rey!” Es un grito de guerra que se escucha en la faz de la tierra y en todo lugar, como dice una canción… sin embargo, ¿qué representa para nosotros este grito?

LA CONQUISTA INTERIOR

Nuestra sociedad actual, entregada por completo a la sensiblería y al relativismo, no tiene por costumbre ni por hábito la búsqueda de la Verdad, mucho menos una idea concreta sobre el amor, sin embargo, nosotros que decimos ser cristianos hemos permitido que el Señor transforme nuestras vidas y le hemos proclamado Nuestro Rey. Si esto es así, pues entonces habría una primera cosa que considerar: el espíritu de lucha del cristiano.

El término de “batalla espiritual” no debería ser para nosotros algo extraño o ajeno a nuestra vida cotidiana, sino un constante recordatorio de que existe una verdadera guerra espiritual que con la gracia de Dios hemos de ganar. Es todo lo contrario a aquella creencia equivocada de que basta con “creer y rezar”, pues claramente el Señor nos dijo que no todo el que diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos[1]. Y entonces, ¿dónde y cómo participamos en esta guerra? Primero en nuestro interior. De nada sirve que andemos gritando por los tejados nuestro deseo de que Jesucristo sea el Rey del Universo, si al fin de cuentas no es aún el Rey de nuestra vida. Aquellos defectos que aún siguen allí “reinando” en nuestros actos, pensamientos y sentimientos: perezas, rencores, soberbias y vanidades, ¡he ahí la primera batalla que debemos desatar! Pues una vez ganada esa batalla, Cristo podrá reinar con autoridad. Recordemos que Cristo no viene a imponer su Majestad, como aquellos tiranos y dictadores que vemos hoy, ejerciendo un poder mundano que no viene de Dios, sino que, viene a reinar en aquél corazón que se lo permite. Frente a esto tenemos una segunda cosa que considerar…

EL REINADO DE LA CRUZ

“En el fracaso de la cruz se ve el amor, este amor que es gratuito, que nos da Jesús. Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo, y que se presenta como el cumplimiento de una vida donada en la total entrega de sí en favor de la humanidad”[2]

Ésta es la realidad que el mundo muchas veces desconoce, pues no termina de comprender que el reinado de Jesucristo se refleja claramente en la Cruz, allí donde triunfó el amor, donde Dios venció a la muerte y nos abrió las puertas del Cielo. Allí donde Cristo dejó claro al Príncipe de este mundo, que quien reinará al final de los tiempos es Él, el Único Dios Verdadero, y que nosotros estamos llamados a conquistar este mundo, de manera que el Reino de Dios pueda instaurarse aquí en la tierra como en el Cielo. Estas conquistas que hoy nos pide el Señor tienen como sus dos pilares: la coherencia y la humildad.

La coherencia de vivir y hacer lo que creemos y profesamos, y la humildad de reconocer nuestra miseria y lo necesitados que estamos de la gracia de Dios. Sin estos dos pilares bien constituidos en nuestro interior, la guerra está ya perdida y las consecuencias serán graves para nuestro interior.

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

A raíz del artículo que escribí sobre el Islam, pude evidenciar cuánto pacifismo reina entre muchos cristianos, que ya acomodados al relativismo actual, temen afirmar verdades claras que anuncian a Jesucristo como Único Rey Universal y cuyo reinado NO es compartido ni compatible con ninguna otra religión y mucho menos con otro dios. Hemos de recuperar la identidad cristiana por la que tantos mártires dieron su vida, y que hoy en muchos lugares de Occidente, se entrega en bandeja de plata a cambio de petróleo o efectivo. A raíz de ese artículo que menciono, tuve también la no tan grata oportunidad de leer comentarios y reflexiones completamente alejadas de la historia de España o de la realidad en sí misma. Recuerda uno en particular, que trataba de justificar la violencia del Islam comparándolo con las Cruzadas o la Inquisición… temas que por demás están aclarados en la Historia Universal en cuanto a su origen, motivación y fin, completamente distintos a la yihad islámica. Sin embargo, estas personas (españolas en su mayoría) parecen ignorar, que gracias a los Reyes Católicos que expulsaron a los musulmanes (después de siete siglos de invasión islámica), sus mujeres españolas no tienen que usar velo para salir a la calle. Cosas y casos, propio de ciertos católicos que ignoran la historia de su propia Iglesia, y terminan siendo presa de la ignorancia del mundo.

¿A qué viene esto en la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo? ¡Sencillo! Para que Jesucristo reine verdaderamente, deben desterrarse estas ignorancias de nuestras mentes y corazones, para así poder restaurar la Civilización Cristiana que Dios quiso desde siempre. Que en esta Solemnidad nuestros corazones puedan sentir con la Iglesia, no sólo con la Iglesia Militante, sino también con aquellos mártires que comparten ya el Reino de Cristo después de haber lavado sus ropas en la Sangre del Cordero, especialmente aquellos hermanos nuestros que han dado su vida por la fe en Medio Oriente.

Dios los bendiga, y ¡viva Cristo Rey!


 

[1] Mateo 7, 21

[2] Papa Francisco, Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. 22 de noviembre de 2015

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