¡En defensa del celibato!

No son nuevas las distintas objeciones con respecto al celibato sacerdotal, ya sea por parte de laicos – que es lo más común – como por parte de los mismos sacerdotes – que es lo más penoso –. Tanto es así, que me he enterado que existe un mini grupo de curitas que andan pidiendo por ahí que el celibato sea “opcional”, y es evidente que ante este pedido, obtengan las luces, las cámaras y los hashtags (#) de la sociedad, pues de una u otro manera convergen con la forma de pensar que tiene el mundo, es decir, criterios meramente humanos que no trascienden más allá de un gusto o una opinión. Más aún, tuvieron la cobertura de CNN, que tuvieron la grandiosa idea de elaborar una “encuesta” para lanzar a la opinión pública la pregunta – y léase con tono de elecciones populares “¿Deberían poderse casar los curas en la Iglesia Católica?” Cabe recalcar aquí aquella sentencia de la Carta de Santiago, que quien se hace amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios[1].

Parece además, que CNN (al igual que la gran mayoría de la prensa secular) no termina de comprender a la Iglesia, y mucho menos la doctrina de Cristo. Parece como si creyeran que el Señor – al puro estilo de un partido democrático – andaba por ahí consultando a los Apóstoles “alce la mano quien esté de acuerdo con que mi Cuerpo sea verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida”… quien ha leído alguna vez en su vida el capítulo 6 de san Juan, sabrá cómo terminó en realidad este episodio del Pan de Vida. Quien no lo sepa, le aliento a que lea el capítulo, para que conozcan a la Persona MENOS DEMOCRÁTICA del mundo: Jesucristo.

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EL CELIBATO NO ES UNA DOCTRINA, ES UNA DISCIPLINA

Para cuando terminen de leer este artículo, podrán corregir ustedes mismos al primer desubicado que salga diciendo que la Iglesia debería “cambiar la doctrina” con respecto al celibato. Debemos diferenciar aquí lo que es doctrinal de lo que es una disciplina eclesiástica. La doctrina no puede cambiar ni hoy, ni mañana, ni nunca, sencillamente porque comprende un mandato directo de Cristo del cual la Iglesia no es “dueña” sino depositaria. Por ejemplo, la doctrina con respecto a la indisolubilidad del matrimonio. La Iglesia jamás podrá cambiar el hecho de que si un hombre ha unido su vida con una mujer a través del sacramento del Matrimonio, si se separa y convive con otra, es adulterio. Esto es algo doctrinal, puesto que el Señor mismo lo dice de manera explícita en el Evangelio[2].

Por otro lado, una norma disciplinar de la Iglesia – como lo es el celibato – puede cambiar de acuerdo al contexto histórico de la situación y al juicio de la Iglesia. Es decir, si el día de mañana el Papa Francisco sale al balcón de la Plaza de San Pedro y dice con voz alta y su tono argentino: “De hoy en adelante los sacerdotes del rito latino pueden casarse”, yo como católico no me escandalizaré ni un pelo y el mundo seguirá girando.

PERO ENTONCES ¿POR QUÉ EL CELIBATO?

La imagen del celibato era algo muy valorado por Jesucristo, tanto así que Él mismo vivió de esa manera. Y quien me salga con el argumento de “es porque Él era Dios”, he de recordarle que también fue 100% Hombre y que uno de las razones por las cuales se encarnó fue para ser nuestro modelo de santidad[3]. Siguiendo esta lógica, hemos de recordar que el sacerdote está llamado a ser otro Cristo y a configurarse plenamente con Él participando de Su sacerdocio, y en esta tarea ayuda, evidentemente, el hecho de imitar su celibato.

Por otro lado, hay un episodio interesante en el Evangelio, donde salió a colación el tema del celibato, y curiosamente ocurrió mientras Jesús hablaba del matrimonio:

“Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Le siguió mucha gente, y los curó allí. Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?» El respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.» Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?» Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer – no por fornicación – y se case con otra, comete adulterio.» Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.» Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.» ”[4]

Habla aquí Jesús habla de aquellos que “nacieron eunucos del seno materno” y de aquellos que “se hacen a sí mismos eunucos”. Diferencia así aquel que por condición propia de nacimiento está incapacitado para el matrimonio, y aquel que no estándolo opta por amor al Reino de los Cielos a “hacerse eunuco” o “célibe”.

La pregunta sería… ¿por qué alguien tendría que hacerse eunuco (célibe) por el Reino de los Cielos? ¡Evidente!, es el estado perfecto para ponerse al servicio del Reino de los Cielos. Pues de otra manera estaría dividido y no podría dedicarse por completo a pastorear al Pueblo de Dios, que es la misión que se le encomienda al sacerdote. De esta manera lo reafirmará san Pablo:

“Yo quisiera verlos libres de preocupaciones. El que no se ha casado se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle.  No así el que se ha casado, pues se preocupa de las cosas del mundo y de cómo agradar a su esposa, y está dividido. De igual manera la mujer soltera y la virgen se preocupan del servicio del Señor y de ser santas en su cuerpo y en su espíritu. Mientras que la casada se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposo. Al decirles esto no quiero ponerles trampas”.[5]

El asunto es bastante sencillo. La vocación al Matrimonio exige cumplir con obligaciones abismalmente distintas a las que exige la vocación al Sacerdocio, de manera que quien quisiese dedicarse a una y otra a la vez, terminará por faltar a una o a otra, o a vivir ambas a medias. No es tan difícil de comprender, más aún si lo llevamos a ejemplos prácticos, como que tengas una emergencia y necesites confesarte, pero el sacerdote no te puede atender porque está ocupado en asuntos familiares con su esposa y sus hijos. Ciertamente, para los protestantes no hay mayor problema, puesto que ni el ser “pastor” es un sacramento, ni tienen tampoco otro sacramento que administrar, que no sea el Bautismo. Por lo que fuera de la prédica, el resto es una cuestión administrativa. No así con el sacerdote, que ha recibido una misión, que pertenece a una jerarquía eclesiástica, que obedece a un Orden querido por Dios y a la Iglesia fundada por Cristo.

UN PAR DE OBJECIONES CONTRA EL CELIBATO

A continuación – y con esto termino les prometo – las principales objeciones con respuestas muy breves y precisas:

  1. “Si los sacerdotes se casan, ya no habrían abusos sexuales”

Esta es una bastante común, fruto de la ignorancia de la gente y – en ciertos casos – de un prejuicio malsano contra la Iglesia.

  • “Los sacerdotes procesados por el delito de la pedofilia representan solo el 0,45% (menos del 1%) de los sacerdotes que ha habido en E.E.U.U, y ello durante un período estudiado de cerca de 50 años.”[6]Y continúa el informe: “En cambio, ese mismo delito por parte de otros agentes de la sociedad como padres de familia, maestros, entrenadores, etc. (la gran mayoría casados) alcanza un índice de cerca del 15% (QUINCE POR CIENTO)” (quiere decir que por cada Sacerdote pedófilo hay más de 30 pedófilos en la sociedad).
  • Por otro lado está demostrado que en otras iglesias sean cristianas o no, el índice de abusos sexuales alcanza más del 10% (por parte de pastores casados, más de 20 por cada Sacerdote), sin contar otros delitos asociados a ellas que prácticamente no existen en la Iglesia Católica, como la estafa, la agresión o el asesinato entre sus miembros sean familiares o no, el adulterio, la huida con los fondos de la iglesia, etc.
  1. “Las relaciones sexuales son un instinto, el celibato es inhumano”

Sé que es propio de ciertos pseudo-antropólogos el ver al ser humano como un mero animal evolucionado. Evidentemente, esta es una visión bastante superficial, simplista y reduccionista del ser humano. El hombre es un ser integral: biológico, psicológico y espiritual, que ha sido creado para vivir en un constante despliegue de sí mismo y de sus dones, teniendo como fin último y meta la eternidad, a través del amor a Dios y los hermanos. Muchos no terminan de comprender que el amor no se restringe al ámbito de la genitalidad, sino que es éste uno de los tantos factores con respecto a la sexualidad. Y en el caso del célibe, la fecundidad de su sexualidad corresponde a la paternidad espiritual. Tanto es así, que el Papa Francisco no dudó en relacionar los problemas de celibato con la falta de sentido y vivencia del don de la paternidad espiritual[7].

Finalmente, recordar que el sacerdocio es una vocación, es decir, un llamado. Junto con ese llamado – y como confirmación del mismo – encontramos el celibato como un don de Dios para el hombre que Él mismo se ha escogido para Sí. Dios no pide imposibles, sino que da la gracia para cumplir lo que manda.


[1] Santiago 4, 4

[2] Mateo 5, 31- 32

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 459

[4] Mateo 19, 1-12

[5] 1 Corintios 7, 32-35

[6] Instituto de Justicia de los EEUU, de acuerdo a estadísticas recogidas por procesos penales abiertos por esta causa.

[7] Encuentro con los Seminaristas, los novicios y las novicias. Sala Pablo VI, sábado 6 de julio de 2013.

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